El decálogo del aula digital

Fecha: Mar, 16/11/2010 - 14:27 Fuente: Por José Antonio Dotor, responsable de negocio de Promethean para España y Portugal

A raíz del plan Escuela 2.0, que pretende llenar las aulas españolas de ordenadores portátiles y pizarras digitales interactivas (PDIs), mucho se ha hablado sobre tecnología aplicada a la educación

El decálogo del aula digital José Antonio Dotor, responsable de negocio de Promethean para España y Portugal

No obstante, para que este plan no se convierta en papel mojado, conviene tener claro una serie de conceptos. Para tal fin, hemos preparado el siguiente decálogo del aula digital:

1. La tecnología por sí sola no hace milagros. ¿se acuerdan del boom de las “punto com” de comienzos de siglo, y de cómo estalló bruscamente dicha burbuja? Si algo pudimos aprender de esta lección es que la tecnología por sí misma no cambia nada. En la escuela, hay que utilizar las TIC con cabeza, de forma planeada y adaptándose a las necesidades pedagógicas, y nunca al revés. De igual modo, es imprescindible coordinar su introducción con los planes de estudio existentes.

2. La formación del profesorado es imprescindible: el potencial de las PDI es enorme, pero si los encargados de enseñar –los profesores- no saben exprimir al máximo sus posibilidades, no avanzaremos. Toda introducción de tecnología en el aula ha de ir acompañada, inevitablemente, de orientación y formación específica para el docente.

3. El alumno es el responsable del aprendizaje, y el profesor lo es de la enseñanza. Parecen dos conceptos bien claros, pero todavía hay quien los confunde. Los segundos están obligados a facilitarles al máximo dicha tarea a los primeros.

4. Vivimos en plena Sociedad de la Información. No es sólo una frase hecha: las nuevas generaciones aprenden a utilizar la tecnología con total naturalidad, y de ahí que les resulte más fácil que a los adultos. Por ello, introduciendo las TIC en su día a día escolar, favorecemos que se muevan en un entorno similar al que ven todos los días: teléfonos móviles, ordenadores, videoconsolas…

5. La tecnología posee un gran atractivo y, por ende, motiva. Todos recordaremos cuando, de pequeños, nos ponían alguna película en clase y prestábamos más atención que a la pizarra tradicional. Con las PDI, este extra de motivación está al alcance de la lección diaria.

6. Es necesaria la colaboración de todos los actores implicados en la educación, desde profesores y directores hasta empresas, fundaciones y la propia Administración Pública. Todos ellos han de involucrarse en el uso de las nuevas tecnologías.

7. La interactividad es el concepto clave. Al igual que la web 2.0 supuso una revolución en Internet, basándose en el principio de colaboración y participación, el aula digital facilita que incluso los alumnos más tímidos participen en cada lección. Todo por obra y gracia de los sistemas de respuesta al aprendizaje, una especie de mandos a distancia con los que pueden responder a cualquier pregunta desde su propio pupitre y de forma anónima. El resultado lo conocerá exclusivamente el profesor -si así lo determina-, quien a su vez puede detectar de inmediato las necesidades específicas de un alumno, el nivel de asimilación del conjunto del aula y llevar a cabo una evaluación continua con suma facilidad.

8. Mayor facilidad para preparar las lecciones. Las PDI facilitan que el profesor acceda a recursos hasta ahora impensables. Así, pueden incorporar video, imagen y material extraído de Internet en cualquier momento de su explicación. Además, pueden compartir con otros colegas sus lecciones y mejorarlas, gracias a las comunidades online para docentes.

9. Apostar por tecnología específica para el aula: pizarras digitales hay muchas, pero pocas que estén pensadas sólo para ser utilizadas en colegios. Basta con pensar en el trasiego habitual de un aula de primaria y en los daños que puede sufrir la PDI si no ha sido diseñada específicamente para este tipo de entornos. Asimismo, no todas permiten que el alumno se apoye en ellas mientras escribe, algo que aunque en principio pueda parecer secundario en absoluto lo es. La confortabilidad y sencillez de uso es básica.

10. El aula ha de estar permanentemente conectada a Internet. La Red debe estar presente en todo momento, al igual que el agua, la luz o la refrigeración. Su ausencia es ya impensable, y lejos quedan los tiempos en los que su uso escolar era sólo esporádico.

Como podemos comprobar, la digitalización del aula es un reto apasionante. Si no se lleva a cabo de la manera oportuna, quien fracasa es la sociedad en su conjunto, con lo que no podemos tomárnoslo a la ligera ni dejarnos cegar por las buenas intenciones. Por ello, esperamos que este decálogo aclare dudas entre los responsables de hacer realidad el aula digital. Todos saldremos ganando.

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