La contribución de las redes de 100 G a la comprensión del Universo ante la necesidad de transferir petabytes de información

Fecha: Lun, 23/01/2012 - 19:12 Fuente: Dpto. de comunicación de Ciena

Comentario de Ciena sobre la detección de las primeras señales del bosón de Higgs y la contribución de las redes a la investigación
La contribución de las redes de 100 G a la comprensión del Universo ante la necesidad de transferir petabytes de información Imagen cortesía del CERN

Estos días está siendo noticia que físicos del CERN (la Organización Europea de Investigación Nuclear) han detectado las primeras señales del bosón de Higgs, la partícula elemental considerada responsable de la masa de todas las demás partículas del universo y uno de los grandes misterios de la física moderna.
Tras casi cincuenta años de búsqueda llevada a cabo por estos científicos en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) de Ginebra, Suiza –el mayor y más potente acelerador de partículas del mundo–, por fin se ha anunciado en la conferencia del pasado 13 de diciembre que, aunque los experimentos realizados en las últimas semanas aún ni confirman ni refutan la existencia de este «santo grial», parece que la última partícula subatómica que queda por descubrir está por fin acorralada. Lo que muchos no saben es que, para llevar a cabo esta investigación, son necesarias las redes de alta capacidad como las 100 G y Ethernet 100 G.
Según José Manuel Pastrana, Country Manager de Ciena para España y Portugal, «solemos decir a menudo que las redes de alta velocidad serán imprescindibles en el futuro, algo motivado fundamentalmente por el constante crecimiento de la demanda de un mayor ancho de banda que dispara las necesidades de una tecnología escalable y rentable. El potencial de 100 G es evidente, y esta tecnología de red de alta capacidad va a ser crucial para el campo de la investigación por sus múltiples beneficios y las ventajas significativas con las que cuenta». Y añade, «los investigadores ya obtienen a día de hoy los frutos de estas ventajas y cada vez más personas verán esos beneficios de forma palpable. De hecho, los ejemplos hablan por sí solos –noticias como los recientes indicios del descubrimiento del bosón de Higgs son buena prueba de ello».

El bosón de Higgs
El bosón de Higgs es un tipo de partícula que no se puede detectar directamente, ya que una vez que se produce se desintegra casi instantáneamente dando lugar a otras partículas elementales más habituales. Lo que se pueden ver son sus «huellas», esas otras partículas que podrán ser detectadas en el LHC. La tecnología Ethernet 100 G proporciona a la comunidad de investigadores los medios para obtener logros científicos impensables hasta ahora, gracias a las conexiones entre emplazamientos y facilitando innovadores experimentos en campos que cambiarán nuestras vidas.
La investigación es el mayor ejemplo de un sector donde las redes de alta capacidad pueden tener un impacto significativo, desde la medicina a la física aplicada. La red estadounidense de I+D Internet2 ha sido protagonista a la hora de anunciar la necesidad de enlaces Ethernet 100 G entre instituciones de investigación y su compromiso con la tecnología. Redes de otros países han seguido el mismo camino y han apostado por el 100 G como tecnología. Es el caso de la francesa RENATER; de JANET, del Reino Unido; de la canadiense CANARIE; o de las más recientes: la holandesa SURFNET y la rumana RoEduNet. Los administradores de todas ellas han sabido ver los múltiples beneficios que la tecnología tiene para la investigación.
Las necesidades de una investigación pueden significar petabytes de datos transferidos entre diferentes ubicaciones para su análisis de manera rutinaria. Y en este sentido la tecnología 100 G es capaz de transmitir un Petabyte de datos en tan sólo 12 horas. ¿Qué implica esto en la investigación? Una mayor velocidad supone una mayor capacidad de procesamiento de datos de centros interconectados que colaboren en una misma investigación. Si cada centro envía y recibe información a mayor velocidad, además de obtener los resultados más rápidamente, mejorará el rendimiento general de los centros.
Una red de investigación genera una gran cantidad de datos muy complejos de múltiples fuentes en distintas ubicaciones, como sucede en el CERN –a la sazón cuna de la World Wide Web. En la búsqueda del bosón de Higgs científicos de muchos países colaboran intercambiando información con cálculos y cifras muy complejas, dada la naturaleza de la investigación en la física de partículas. Todo ello requiere una enorme infraestructura de redes capaz de soportar esos flujos de datos.
Esta aplicación práctica es ya una realidad, pero no es más que la punta del iceberg de lo que está por venir. Si los operadores de servicio, administraciones públicas, empresas y centros de investigación apuestan por la tecnología de las redes de alta capacidad, no sólo repercutirá en su trabajo de manera positiva y obtendrán mejores resultados sino que terminarán por mejorar la vida de muchas personas.
Con redes de alta capacidad, flexibles y fiables, se abren las puertas a la innovación, obteniendo mejores resultados con los procesos, logrando más éxitos con la investigación y haciendo a los servicios más eficientes. En definitiva, se mejora nuestra calidad de vida.

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