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Sentando las bases del mercado de la televisión móvil

Fecha: Jue, 15/01/2009 - 14:01 Fuente: Artículo escrito por Yann Courqueux, Thomson

Existe la sensación generalizada de que la televisión móvil es un concepto potencialmente muy popular. En Japón y Corea del Sur es ya un rotundo éxito; no obstante, su introducción en Europa se ha estancado. ¿Cuáles son los obstáculos que le impiden triunfar aquí?

Sentando las bases del mercado de la televisión móvil

Antes de nada, es preciso dejar claro de qué estamos hablando cuando nos referimos a la televisión móvil. En primer lugar, conviene distinguir entre servicios de unidifusión (unicast), o difusión a un solo usuario, o de multidifusión (broadcast), o difusión a múltiples usuarios.
Los sistemas móviles 3G permiten enviar clips de vídeo de manera individualizada: básicamente, el tema consiste en enviar vídeo en forma de mensaje multimedia. Este sistema es suficiente para contenidos especializados o servicios personalizados, pero resulta inadecuado en el caso de canales con una gran audiencia.
La infraestructura móvil no es capaz de dar soporte a un mercado masivo de vídeo 3G. Una célula individual sólo puede dar servicio simultáneo a un máximo de 16 usuarios de televisión móvil, incluso en el peor formato de flujo de imagen, 64 kb/s, que sólo genera 6,25 fotogramas por segundo, una cuarta parte de la tasa normal. Tampoco es demasiado “móvil”: la tecnología empleada en el envío de clips de vídeo ralentiza mucho la conmutación entre celdas, lo cual implica que la visión en movimiento es muy poco fiable.
Por su parte, los consumidores encuentran esta calidad de emisión inaceptable. Todos los datos recabados en las pruebas ponen de manifiesto que, en estas condiciones, los usuarios sólo verán tres minutos de vídeo 3G al día, mientras que los usuarios que tengan acceso a un verdadero servicio de televisión móvil verán 50 minutos al día. Una encuesta de Tellabs realizada en 2007 revelaba que el 75% de sus usuarios encontraban su servicio aceptable, pero sólo un 18% opinaban lo mismo de los clips 3G en unidifusión.
La alternativa consiste en proporcionar un servicio de multidifusión de televisión para dispositivos móviles. Este servicio utiliza una red independiente para el transporte de la señal de televisión, que permite liberar la red 3G para su uso en aplicaciones de alto nivel medio de ingresos por usuario (ARPU), entre las que sin duda se encontrarán los contenidos personalizados de vídeo y el acceso a Internet de banda ancha.
La conclusión es que hay un umbral económico por encima del cual resulta más barata la multidifusión y por debajo del cual resulta más barata la unidifusión. Este umbral puede expresarse en términos de audiencia o de tasa concurrente, y variará de un país a otro, pero siempre existirá.
De ello se deduce que un sistema híbrido creará siempre un valor superior al de cualquier red por separado. Para sacar partido de este valor añadido se necesita lo que podríamos llamar una plataforma de servicios independiente del portador, que pueda proporcionar servicios de multidifusión y unidifusión utilizando las plataformas pertinentes. De ahí surge la necesidad de disponer de una red de multidifusión móvil, y aquí existen dos estrategias alternativas a considerar.
La primera de ellas, bastante obvia, consiste en utilizar las redes de transmisión de televisión digital ya existentes y que en la actualidad se utilizan para llevar hasta nuestros hogares las emisiones de televisión convencional desde una red de transmisores terrestres. Los receptores podrían fabricarse de modo que fueran capaces de decodificar las actuales emisiones, o bien se podrían añadir servicios móviles en el ancho de banda disponible utilizando la misma red del transmisor (modo jerárquico).
Los canales de televisión digital se multiplexan juntos para su difusión. Un canal de transmisión (que antes habría transportado un servicio de televisión analógica) dispone de un ancho de banda de unos 20 Mb/s, y normalmente se utiliza para transportar cinco o seis servicios de televisión.
Pero existe un problema básico en el uso de DVB-T para la difusión a dispositivos móviles: el sistema no ha sido diseñado para ello, y existen importantes problemas técnicos que resultan insalvables.
DVB-T, el estándar para la transmisión de televisión digital terrestre, se diseñó para proporcionar una recepción muy estable con grandes antenas externas de tejado que no se mueven o como mucho se mueven con relativa lentitud (se ha empleado en autobuses urbanos, por ejemplo). Por el contrario, la televisión móvil debe ser captada por antenas muy pequeñas e incorporadas en dispositivos que se mueven aleatoriamente por el interior de un edificio o incluso por debajo del nivel del suelo.
¿Por qué es importante que el servicio llegue a todo el edificio? Porque es en el interior de los edificios en donde la televisión móvil va a consumirse. El estudio muestra que en realidad el 50% del consumo de televisión móvil se realizará en el hogar. Si añadimos a esto el lugar de trabajo, los intercambiadores de transporte y los centros comerciales, se ve a las claras que es fundamental disponer de una buena recepción en interiores. En realidad, resultaría difícil vender un teléfono móvil que incorporase un servicio de TV que no funciona bien ni siquiera en la tienda.
La recepción de DVB-T en el interior de un edificio sufre un debilitamiento de unos 35 dB, o bien requiere un transmisor unas 1000 veces más potente para lograr una señal aceptable. Multiplicar por 1000 la potencia del transmisor significa consumir 1000 veces más energía y utilizar multitud de repetidores y reemisores para cada uno de los canales.
La solución reside en el uso de los estándares de transmisión optimizados para la recepción en dispositivos portátiles de mano. DVB-H, MediaFlo y otros estándares han sido diseñados para salvar todos estos obstáculos.
El problema es que necesitan disponer de sus propios transmisores; no necesariamente de las torres, pero sí de la circuitería de transmisión. Lo malo es que esta circunstancia puede encarecer mucho su despliegue. De hecho, hemos construido modelos para un buen número de casos y hemos llegado a la conclusión de que la construcción de una red de transmisores dedicada tendría un coste inferior al de actualizar la red existente para la recepción móvil en interiores. Sin dicha red, los consumidores obtendrían un servicio de baja calidad que no aceptarían.
Todo ello nos conduce a la decisión final: cómo recuperar la inversión de capital en una nueva infraestructura. ¿Será suficiente un modelo de difusión gratuita con ingresos basados en la publicidad? ¿Están los usuarios dispuestos a pagar por un acceso móvil a la televisión? Los mayores despliegues de TV móvil de banda ancha siguen el modelo de la difusión gratuita (FTA), en países como Japón, Corea y, más recientemente, Italia.
En mi opinión, éste no es el camino a seguir, y la única manera de desarrollar un servicio de televisión con amplia aceptación pasa por un servicio de pago distribuido sobre una red de transmisión dedicada.
Japón y Corea realizaron cuantiosas inversiones para construir sus redes. En ambos casos se registran pérdidas, a pesar de la alta penetración del servicio. Una explicación podría ser la tecnología escogida: en el caso de Japón, una tecnología no diseñada originariamente para la TV móvil; y en el de Corea, el uso de DMB, que no es precisamente la tecnología de difusión más eficiente (el coste por canal es hasta seis veces superior al de DVB-H). Otra explicación podría ser que los ingresos por publicidad aún no son suficientes para cubrir los costes de la red.
En el caso de Italia, el operador H3G parece arrojar mejores resultados. Su estrategia de precios ha cambiado y ahora incluye un par de servicios básicos como parte de la suscripción premium. Es lo que ellos llaman “free to air” (algo así como “servicio gratuito”). Los servicios premium adicionales se facturan por canal y/o por visión.
La principal razón por la cual los ingresos por publicidad tienen menos probabilidades de cubrir los costes de la red que los ingresos por suscripciones es el hecho de que a los anunciantes les interesan los mercados de masas. Cuanta mayor sea la audiencia, mayores son los CPT.
Los anunciantes no estarán dispuestos a destinar grandes presupuestos a la televisión móvil hasta que las audiencias no alcancen volúmenes significativos. Nuestros cálculos demuestran que sería necesaria una penetración del servicio de al menos un 30% para cubrir incluso las actualizaciones incrementales de la red, cosa improbable dado el bajo rendimiento en interiores que tal actualización proporcionaría.
El único modelo de negocio que se sostiene es el cobro de una suscripción por la televisión móvil. Podría tratarse de una cuota directa por la recepción de televisión móvil, o bien el operador podría incluir un grupo de servicios premium de voz y datos. En Italia, H3G proporciona lo que en apariencia es un servicio de difusión gratuita, pero los receptores adecuados sólo están disponibles junto con un paquete premium, de manera que de hecho la audiencia paga una suscripción por el servicio de televisión móvil, sólo que no se percata de ello. Exactamente lo mismo sucede con la IPTV cuando los usuarios básicos gozan de un servicio de televisión como parte de un paquete triple play (televisión, teléfono e Internet).
Quiero hacer especial hincapié en el hecho de que hemos revisado con sumo cuidado todos los cálculos. Con unos ingresos de unos ocho euros al mes por usuario y una cuota de un 5% de la población, el modelo de negocio que contempla la construcción de una red dedicada sigue sosteniéndose. Y resulta mucho más fácil captar a ese 5% con un servicio de buena calidad que captar a un 30% con una oferta de dudosa calidad.
Una vez el servicio haya alcanzado su masa crítica, el operador puede plantearse la adopción de modelos de negocio más avanzados, que podrían incorporar servicios personalizados (integrando clips 3G en la señal de entrada cuando proceda) y publicidad dirigida. Por cierto, en este documento no se contemplan los demás costes de capital y de funcionamiento que conlleva un servicio de televisión móvil de alta penetración, ya que básicamente son los mismos independientemente de la forma en que se difundan los contenidos y de la fuente de ingresos.
De lo que no existe ninguna duda es de la atracción que los consumidores sienten por la televisión móvil. Si se les proporcionan los contenidos que deseen ver (y se evita aquellos que no deseen ver, como por ejemplo publicidad no pertinente) con una calidad alta y sobre una plataforma que sea estable y fiable estén donde estén, no hay ninguna razón que impida alcanzar la masa crítica con rapidez. Dada la visión para invertir por adelantado, no existe razón alguna por la cual los consumidores europeos no puedan disfrutar de la televisión móvil.  

 

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